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Wed, 03 Mar 2010 15:25:00

Islas Malvinas, Representantes Italianos, y Parlamento Europeo - de Franco Fiumara




"A partir de 1880 comenzaron a arribar a nuestra Argentina grandes oleadas de inmigrantes provenientes de diferentes países..."

de Franco Fiumara


Desde que hemos asumido al conducción de la Federación de Asociaciones Calabresas en Argentina, y en mi rol de Representante (Consultor) de la Región Calabria en  mi país de residencia, en los distintos foros políticos y culturales de la colectividad italiana, venimos insistiendo constantemente en la necesidad de que Estados como Italia y España, cuyas colectividades en estas tierras resultan ser de las mayores que poseen en el mundo, comprendan la necesidad de implementar a través de sus cuerpos diplomáticos y ahora legislativos, que el socio comunitario Gran Bretaña retome las negociaciones con Argentina para resolver definitivamente la cuestión de la soberanía sobre las islas a favor de nuestro estado nacional, y así definitivamente hacer cesar una política histórica de colonialismo que nada tiene que ver con la autodeterminación de los pueblos, cuando una porción de un estado es usurpada como colonia por otro con tendencia imperialista.

Desde 1833 ininterrumpidamente y por vía pacífica hemos solicitado el cese de la ocupación colonial sin éxito alguno, pero logrando el reconocimiento sudamericano y en su gran mayoría internacional de nuestra soberanía.

El pueblo argentino reconoce como lamentable la confrontación bélica generada por nuestro País en abril de 1982 llevada a cabo por un gobierno ilegítimo,  totalmente improvisado y desesperado, cuya única intención era perpetuarse en el poder, sin tener piedad por los jóvenes y valientes ciudadanos argentinos (muchos de ellos con doble ciudadanía) que cumplían con la carga pública del servicio militar obligatorio y que tan valientemente combatieran sin preparación alguna (reconocido por las propias tropas profesionales Británicas) en detrimento de algunos militares o marinos profesionales como el criminal Alfredo Astiz (que ante el primer disparo en combate en las Isla Georgia se rindió, mintiéndole al noble pueblo argentino nuevamente). Conocido como “el Ángel de la muerte”, fue trasladado a una prisión Británica que, paradójicamente tiempo después, en lugar de entregarlo a Francia o Suecia lo devuelve a nuestro país bajo la invocación que hiciera Margaret Teacher sobre la Convención de Ginebra,  siendo que ya pesaban sobre su persona pedidos de captura internacional por crímenes de lesa humanidad (los cuales anulan, como en Nuremberg, a la convención referida) como por ejemplo, las  torturas y desaparición del la sueco–argentina Dagman Hagelin, de los calabreses Angela María Aieta, Susana y Giovanni Pegoraro, o las monjas francesas Alice Domon y  Leonie Duquet cuyas armas eran un rosario y la Biblia contra la brutalidad criminal de este sujeto inescrupuloso que, junto a otros tantos desaparecidos que también tuvo en su haber, demuestran la política errática de la Junta Militar, por Malvinas.

Hacia 1983, con el retorno de la democracia a nuestro país, eran muchos los problemas internos que el nuevo gobierno debía enfrentar y resolver, entre ellos, los Juicios a las cúpulas militares facciosas (que fueran un ejemplo para las democracias en el mundo entero, condenado  a numerosos militares por crímenes de lesa humanidad), y a aquellos que por negligencia e inoperancia habían trabado tamaño conflicto bélico. Pudiera ser que éstas y tantas otras cuestiones de carácter interno hicieran desviar la atención del flamante gobierno argentino en su reclamo por las Islas Malvinas. Sin embargo, este escollo tampoco legitima la política exterior colonialista de Gran Bretaña como estado invasor y usurpador desde 1833.

La cuestión Malvinas, trajo a colación de un lastimado y dolorido pueblo argentino, una pequeña palabra de connotación mayúscula, anhelada por las poblaciones del todo el mundo, a saber “PAZ”. Usualmente, cuando pensamos en esta palabra, automáticamente lo primero que se nos viene en mente es la ausencia de la guerra, sin embargo su significado encierra mucho más que eso; “paz”, significa que todos podemos pensar diferente, expresarnos de distintas maneras, convivir y movernos libremente sin que nadie nos detenga. Para llegar a este estado, hay políticas lineales que entre los distintos sectores políticos deben consensuarse en pos del bien común. Este mismo actuar se debe replicar a nivel diplomático o de convivencia entre los Estados y sus representantes. De esta manera, en más de una oportunidad se llegan a formar lazos indisolubles entre los países y sus poblaciones debido a la gran cantidad de ciudadanos que por un motivo u otro deben dejar sus territorios para ser cobijados dentro de otro que les es ajeno. No hay mejor ejemplo que la República Argentina con sus hermanas Italia y/o España, para retratar lo planteado.

A partir de 1880 comenzaron a arribar a nuestra Argentina grandes oleadas de inmigrantes provenientes de diferentes países, pero mayoritariamente de los dos Estados antes mencionados. Estos inmigrantes supieron dar vida a una patria que recién comenzaba a dar sus primeros pasos,  aportando como legado inmortal para las generaciones venideras los valores del trabajo, de la educación y la manutención de sus tradiciones, las cuales se pueden ver reflejadas en la amplia red de asociaciones civiles sin fines de lucro creadas para tan noble fin.           

Hacia el 2001, décadas después de finalizado el proceso inmigratorio, los ciudadanos italianos all´estero obtuvimos el derecho al voto, a través del cual tenemos la posibilidad de elegir a nuestros representantes (Senadores y Diputados) en el Parlamento Italiano. En este contexto, hemos aportado a Italia un total aproximado de 550.000 votos, número de incidencia mínima en el electorado peninsular, pero que sin embargo, en una primera oportunidad sirvió para conformar un Ministerio de Italianos en el Exterior (Mirko Tremaglia Ministro de un Gobierno de coalición de centro derecha), y en una segunda, posibilitó el triunfo de Romano Prodi (tendencia centro izquierda).

 Imagino que en este punto de la lectura, se estarán preguntando cuál es el motivo que me lleva a relacionar a los parlamentarios elegidos por la circunscripción Sudamérica con Malvinas, y  consecuentemente con el Europarlamento. La respuesta es muy sencilla, y rápidamente pasaré a enumerar las pautas que unifican estos criterios.

La primera de ellas, se basa en que Malvinas es una cuestión atinente a Sudamérica, como históricamente lo sostuvieran solidariamente y en forma permanente todos los Estados de este continente ante la O.E.A., la O.N.U. y otros organismos internacionales. Así como Gibraltar para España, Malvinas es un tema muy sensible para los argentinos, incluso para aquellos en poseso de doble ciudadanía (Como es mi caso y el de tantos otros).

En segundo lugar, los Senadores y Diputados italianos elegidos por este continente, algunos de los cuales nacieron en este país, o residen aquí como inmigrantes, según mi humilde entender, deberían interesarse al menos mínimamente para llevar al unísono esta grave problemática que atraviesa Argentina en su soberanía, debiendo dejar de lado intereses políticos o partidarios en un tema tan particular y delicado  como. Me animo a sostener esto, porque más allá de cómo reseñara “ut supra” acerca de las decisiones políticas no desarrolladas oportunamente o simplemente equivocadas o desatendidas por completo por algunas de las administraciones gubernativas nacionales argentinas en distintas épocas desde 1833, la que se nos presenta actualmente es una oportunidad histórica para que los dos Senadores y los tres Diputados Italianos (de la misma forma que algunos de ellos no tuvieron inconvenientes en defender intereses comerciales de empresas Italianas  que, como ya dijera,  sobre estos reclamos no pongo en tela de juicio por no ser el eje de esta discusión), tomen esta bandera con firmeza y convicción a favor de nuestro país, ante sus respectivas Cámaras y bloques partidarios. Dirán que equivoco, quizás sí, quizás no, pero el intento vale la pena, y máxime si se coordina con la Cancillería  y las comisiones pertinentes del Parlamento Argentino.  

Traigo esto a colación  porque, en definitiva, por las directivas políticas de los bloques partidarios, tanto de izquierda como de derecha de Italia, las fuerzas políticas trasportaron una moción  a través de sus representantes al Parlamento Europeo para que intervengan en  defensa patrimonial de las empresas, pero nada se dijo todavía, y mucho menos aún se ha trasladado inquietud alguna, acerca de la situación Malvinas, Islas Georgia y Sándwich del Sur y Antártida al Parlamento Europeo, en defensa de los ítalo-argentinos o hispanos-argentinos, que estamos padeciendo este interminable conflicto que definitivamente debe solucionarse a través de las vías pacífica. 

Por último, no puedo dejar de mencionar que en el tratado de Lisboa de la Unión Europea, el cual entró en vigencia en el pasado mes de diciembre, figura en el anexo II  de de su estatuto reglamentario las Islas Malvinas, Islas aledañas, y la Antártida Argentino-Chilena como territorio de ultramar de un Estado Miembro de la Unión (Gran Bretaña),  sin que medie oposición o abstención (como aconteciera en 1982 al votarse en la Asamblea de O.N.U. con los representantes de Italia y España) alguna por parte de los europarlamentarios Italianos o Españoles. Esta gravedad institucional proveniente de un continente que sufrió las secuelas bélicas más graves de la historia de la humanidad, y que justamente tuvo entre una de sus problemáticas el expansionismo territorial (salvaguardando lógicamente las notables diferencias) demuestra una insensibilidad tremenda en relación a Estados que como Argentina, Chile, Brasil o Uruguay mismo, que ante la adversidad, supieron cobijar a millones de emigrados (como mi propia familia y de tantos lectores), encontrando refugio y prosperidad en base al propio sacrificio personal y las posibilidades que los estados americanos ofrecían, resultando ambas situaciones admirables. Estos flujos migratorios trajeron décadas después el voto como manifestara renglones anteriores, e Italia innovó en a historia de las ciencias políticas con representantes del lugar de residencia para ir al parlamento, tanto en lo territorial (dividió al mundo en circunscripciones y le otorgó Senadores) como en los ciudadanos en el exterior (confiriéndoles diputados).

Por lo antes expuesto, sostengo que si los parlamentarios italianos elegidos en la circunscripción América Meridional, son capaces de representarnos como nobles ciudadanos, y defienden los intereses (reitero no meto en este artículo en tela de juicio la legitimidad o no) de las empresas pura y exclusivamente comerciales, deberían interferir de igual manera en la defensa del patrimonio territorial nacional que los cobijara o viera nacer. Esta inquietud debería ser trasladada por su gravedad al parlamento italiano, y a través de éste, al Parlamento Europeo a fin de reconsiderar el hecho de que en su carta de formación (también con queja diplomática del Estado Vaticano)  se avale definitivamente a un estado colonialista en detrimento de los intereses soberanos del Estado Argentino que supo ayudar en épocas conflictivas de gravedad histórica.

Saben señores Legisladores, ¿Qué más allá del petróleo y la riqueza  ictícola, el Reino Unido tiene, solapadamente, bajo la manga una de las riquezas mas “potables” del futuro, la cual será el agua dulce que Dios en esta parte del mundo supo crear?

Por tal motivo, y a modo de sugerencia por el poder delegado a ustedes a través de nuestros votos, les imploramos que definitivamente en forma pacífica representen a este noble pueblo ante vuestros pares parlamentarios, a fin de que trasladen y corrijan el error cometido en el tratado de Lisboa, y reconozcan a Gran Bretaña como una potencia colonialista con territorios fuera del continente Europeo hechos que complican e implican a Sudamérica en general (como sostuviera recientemente el Presidente Lula) y a la República Argentina en particular. 


Franco M. Fiumara* - ItaliachiamaItalia

*Juez en lo Criminal, Drando.Cs.Políticas


















































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